miércoles, 13 de julio de 2011

No hay frambuesas, ni frutillas. No hay brownies.

Como cuando somos chiquitos. Lloramos por el amor que no tenemos, y cuando lo tenemos lloramos porque no logramos retenerlo. El desentendimiento humano alcanza para destruir las relaciones más íntimas, las primarias, las que creamos al nacer. La lujuria exacerbada, por los sentimientos más profundos, es suficientemente fuerte para desgastar toda la vida que llevamos vivida. Aun así, no entendemos la vida.
Deberíamos despojarnos de todo prejuicio que nosotros mismos aumentamos en la sociedad. De aquellos que nos enseñan en nuestros primeros años de vida. Puede que sean kilómetros de distancia, o solo 2 cuadras, pero las excusas inventadas para cortarnos las alas e impedirnos volar libremente nunca tienen fin. Lo llaman amor. Si, también es amor, al parecer hay varios tipos. Todos nos hacen llorar. Tal vez sea un sinónimo de necedad.
Cómo pensar como el presente estando en el futuro. Puede que seamos iguales a los que más detestamos en determinados momentos. Somos el reflejo de reflejos infinitos. Somos.