viernes, 30 de diciembre de 2011

En su mayoría…

De pequeños nos dan siempre el mismo consejo: “Escuchá a tus mayores”. Considero que cuando alguien nos aconseja lo hace de forma parcial o no del todo comprensible. La parcialidad se da en que nadie determina, nunca, quién es mayor y quién no. Por significado de la palabra es “que excede en cantidad o calidad”. Suelen decirnos que aquellas personas con más edad que nosotros pueden aconsejarnos sobre “temas de la vida”. Tal vez, y en mi opinión, esta situación podía darse en una antigüedad medianamente lejana. Porque si nos ponemos a pensar en los avances de la tecnología y la velocidad de transmisión que esta le da a la información, un anciano, mayor según todos, estaría desactualizado con respecto a un joven de unos veinte años. Con lo cual, en este caso, el mayor sería el menor. El avance normal del paso del tiempo en un, ahora, anciano queda retraído comparado con los pasos agigantados que dan los jóvenes hoy en día. Tal vez los jóvenes logran alcanzar y hasta superar a un anciano con una fracción de su edad. Entonces la calidad y cantidad quedan relegadas al escarnio público. Cuando una persona queda desactualizada respecto del “funcionamiento social” pasa a tener un plano tan inferior como años de vida le queden. Esto no quita que sus opiniones tengan valor, pero pasa de real a histórico. La explosión virtual a las que están expuestos los jóvenes los somete a la radiación más letalmente importante. Quedan relegados aquellos que no tienen acceso a las mismas, aquellos que no la saben usar, por ignorancia o por vejez. Con esto no debe desestimarse a un mayor, ya que es quien en su momento construyó el mundo. Por eso los realmente válidos y valederos, en la actualidad son los jóvenes, pero en medida que tengan como valor agregado la falta de años cumplidos. Cuando estos pasan, en menor medida que antes, van quedado a un lado. Entonces, ¿quiénes son los mayores?

sábado, 17 de diciembre de 2011

El viejo amor

Arriba del auto, y mirando a través del vidrio polarizado, veía a mi vecina barrer el hall de su casa. Su marido murió meses atrás y ella accionaba como si nada hubiese pasado. Me pregunté en ese mismo momento cómo podemos seguir adelante cuando el amor de nuestras vidas se marcha, cuando nos suelta la mano y nos dice hasta nunca. Cómo se tiene fuerzas suficientes para seguir respirando. Mi vecina con 70 años o más sabía cada una de las respuestas a mis preguntas. Bajé la ventanilla, me corrí de asiento y la saludé. Muy amigablemente me devolvió el gesto. Necesité hablar un rato con ella, aprender de aquello que ella ni sabía que me estaba enseñando. La vida misma. Hablábamos sobre la nada misma. Yo la miraba y trataba de descifrar cuál era su secreto. Mi conversación empezó con un “¡que lindo día!” Casi al terminar la charla ella me dijo “No está tan lindo el día” Ahí creí encontrar todo. Esa es la diferencia, se puede seguir viviendo pero se ve todo de una manera distinta. Lo que para mi era hermoso para ella no lo era tanto, porque antes lo comentaba con su esposo, el amor de su vida, y ahora sin él físicamente a su lado. Casi de emoción derramo una lágrima pero como si el tiempo fuese tan sabio como para entenderme completamente una brisa voló mi pelo y frenó el sentimiento. Que distinto es tener al amor de nuestras vidas a nuestro lado y anhelar a quien creemos que lo es. En el primer caso el dolor puede ser fatal y en el segundo eterno.
Tiempo atrás, incluso cuando el marido de la señora estaba vivo, escribí la siguiente frase:
“Un aire frío ingresa por la ventana, impacta en mi espalda y me hace dar cuenta, que haga lo que haga, intente lo que intente, siempre terminaré muerto”
Como si me hubiese adelantado en el tiempo, un suceso futuro en el pasado. Nunca aprendemos cómo seguir adelante hasta que tenemos que aprenderlo obligatoriamente, porque ese es el sentido de la vida, aprender tanto como seamos capaces de almacenar. Utilizarlo tanto como para seguir respirando. Y cuando el amor de nuestra vida no esté más a nuestro lado poder mirar su foto, su ropa, al cielo y decir “te quiero”. Cerrar los ojos e imaginar que está frente a nosotros sonriéndonos y esperando a que avancemos unos cuantos pasos, como para abrazarlo y volver al primer instante del enamoramiento más sincero e inestable. Mis dudas siguen vigentes pero hoy aprendí a esperar las respuestas, nunca buscar lo que no estamos preparados para aprender. Cuando alguien muere a nuestro lado nos está diciendo que nos amó tanto como para nunca irse a otro lugar sino hasta que la muerte tocó a su puerta. Cuando me suceda eso me gustaría poder atenderla yo y convencerla para que me deje eternamente a su lado. Eso es imposible, ahora sonriamos y no miremos hacia atrás. Por lo menos, no por ahora…

viernes, 9 de diciembre de 2011

Con el tiempo, la vida

Las noticias llegan justo cuando no estamos preparados para escucharlas. No las buenas, para esas estamos siempre listos. Me refiero a las malas, las malas noticias individuales, ni siquiera las que engloban a varias personas. Esas palabras que te congelan las conexiones psíquicas, te detienen en el tiempo y solamente podes replantearte todo, la vida. Si me dan para elegir, no hubiese nacido, pero ahora que estoy vivo, no se si sean tan fácil dejar de estarlo. Nacer implica una serie de responsabilidades importantísimas que a veces no se tienen en cuenta. Vivir requiere de tiempo, el tiempo vale más que cualquier otra cosa, y cuando pasa y te das cuenta que no has vivido entiendes que realmente no debiste haber nacido. Vivir implica no lastimar al de al lado, a veces es tan difícil, cuando las personas son vulnerables. Nuestras historias se repiten una y otra vez a la largo de todo el mundo pero son tan particulares que no lo notamos. Si me preguntan qué cambiaría, respondería sin dejar se emita la pregunta completa, que la muerte. Sigo sin entender como puede ser que terminemos muertos. Un par de años y listo. Así de simple. Sin embargo la gente parece no saberlo o no importarle. Nos traen al mundo para que terminemos muertos. Qué clase de decisión egoísta es esa. Es como si al nacer nos diesen un veneno que hace efecto el día que nos tocó morir. Así dice la gente, le tocó. ¿Realmente le tocó morir? A veces esas noticias malas nos matan lentamente. No me refiero a tan malas. Noticias simples, las que para mi son malas y para la persona que tengo al lado es indiferente. La indiferencia mata. Intentar que todos caminen a la misma velocidad que uno es tan imposible como intentar llenar el universo. No intentarlo es tan difícil como intentarlo. Nos lleva la misma cantidad de energía. El mismo tiempo. Nos lleva la vida.

sábado, 24 de septiembre de 2011

Cuando las palabras pesan

Otra víctima producto de la discriminación. Esta vez se trata de un joven de tan solo 14 años, Jamey Rodemeyer. Como si nacer, o hacerse, o como sea que se desencadene una elección sexual fuese un crimen con pena de muerte, la muerte obligada por terceros, llevada a cabo por uno mismo. Es como llegar con una mochila a la cual se la va a ir cargando con cuanto insulto o agravio gratuito exista en la tierra. Pues cuando la personalidad o incluso la autoestima no están formadas del todo, el exponente como valor agregado que le pone cada individuo es infinito e impredecible. Hay personas a quienes les importa muy poco y hay otras a las que les importa demasiado. Me remonto al matrimonio igualitario, o gay, o como le llame cada uno, cuando las personas ponían como argumento opuesto la discriminación que sufriría cada hijo de personas del mismo sexo en el colegio, discriminación que se construye en cada hogar, herramientas que cada padre pone en las manos de sus hijos sin considerar qué puede hacer este con ellas. Es un hecho. Establecido así hace años. Motivos que sobran para discriminar, todos caemos, lamentablemente, en esto. Pero cuando el final de la historia termina con una muerte nos damos cuenta cuan destructiva puede ser una palabra, dependiendo el tono en que la pronunciamos, el gesto que tenemos al hacerlo, la postura o la relación que nos encadene a la persona que va a recibir el insulto. El odio, dicen los que saben, es una forma de expresar amor, la forma que encuentran aquellos que no encuentran cómo expresarlo correctamente. La forma más incorrecta de todas. No creo sea el caso este.
Preguntaste en tu blog: “¿Qué tengo que hacer para que la gente escuche?” No es la respuesta correcta, pero de alguna manera lo hiciste. Es irónico que ahora te escuchen, cuando ya no tengas voz. Cuando el silencio sea el grito más escuchado. Tu habitación vacía va a ser el eco más profundo para quienes no supieron escucharte, para los que derraman lágrimas en vano desde el día en que decidiste, por otros, irte del mundo. Te preguntaría, llorando, qué sentís en este momento. Cuál es la expresión de aquellos que te provocaron o indujeron a esto. Tus papás, tus familiares, tus amigos, tus vecinos, dónde estaban. Que hacían que no lograron escucharte. Como si fuese tan difícil, como si hubiese que entender un mensaje codificado que no existe, son ojos brillosos que solo dicen, ayuda. Que tus lágrimas toquen tus labios y los obliguen a sonreír. Ahora, se feliz.

lunes, 22 de agosto de 2011

Filosofía 2.0

Filosofía: “Conjunto de saberes que busca establecer, de manera racional, los principios más generales que organizan y orientan el conocimiento de la realidad, así como el sentido del obrar humano”

En la actualidad, en mi opinión básicamente, filosofar es encontrarle una explicación a aquello que todavía no se le ha encontrado, a lo que creemos que no está bien explicado, o a lo que está incompleto.
No es necesario hacer un manifiesto para lograrlo. Lo realizamos constantemente sin darnos cuenta. Escribiendo una entrada en el blog, un estado en Facebook, un tweet en Twister, en un mensaje de texto, en un mail. Claro que al menos debe tratarse de una elucubración más o menos estable y no unas líneas insustanciales y superficiales.
Un filósofo en la antigüedad era aquella persona con tiempo suficiente para pensar, solo pensar. En los tiempos que corren las personas viven tan rápido que se han convertido en pruebas vivientes del enajenamiento planteado en el pasado por Marx y Rousseau entre otros. Así no se viva acelerado físicamente, la mente alcanza velocidades impensadas, no dejándonos detenernos en el tiempo, elegir un tema y divagar. Solo en determinados momentos, no establecidos y sin aviso, logramos impactar una idea en algún medio virtual, por lo general. Me pregunto qué pasaría si traemos a Sócrates, Platón y/o Aristóteles al mundo filosófico 2.0. Se aterrarían, usarían los medios para maximizar y hacer masivas sus ideas, escribirían en contra de ellos, enseñarían a usarlos de otra manera o a no usarlos. No tenemos, ni tendremos la respuesta, solo podemos filosofarla. Empecé a hacerlo de la manera que conozco, 2.0.

miércoles, 13 de julio de 2011

No hay frambuesas, ni frutillas. No hay brownies.

Como cuando somos chiquitos. Lloramos por el amor que no tenemos, y cuando lo tenemos lloramos porque no logramos retenerlo. El desentendimiento humano alcanza para destruir las relaciones más íntimas, las primarias, las que creamos al nacer. La lujuria exacerbada, por los sentimientos más profundos, es suficientemente fuerte para desgastar toda la vida que llevamos vivida. Aun así, no entendemos la vida.
Deberíamos despojarnos de todo prejuicio que nosotros mismos aumentamos en la sociedad. De aquellos que nos enseñan en nuestros primeros años de vida. Puede que sean kilómetros de distancia, o solo 2 cuadras, pero las excusas inventadas para cortarnos las alas e impedirnos volar libremente nunca tienen fin. Lo llaman amor. Si, también es amor, al parecer hay varios tipos. Todos nos hacen llorar. Tal vez sea un sinónimo de necedad.
Cómo pensar como el presente estando en el futuro. Puede que seamos iguales a los que más detestamos en determinados momentos. Somos el reflejo de reflejos infinitos. Somos.

lunes, 30 de mayo de 2011

La forma de las cosas

Vamos y venimos. Volvemos y sentimos. No decimos lo que sentimos y no sentimos lo que decimos. Solo damos vueltas para terminar viendo “desde arriba” lo que antes veíamos desde abajo. Perdonamos y odiamos. Tememos y nos acobardamos. Una y otra vez partimos de donde salimos. Respiramos y morimos, y si no lo hacemos es lo mismo.
Intentamos y no lo logramos. No nos conformamos con nada, o nos conformamos con muy poco. ¿Cuantas líneas necesito para explicar el entendimiento, la decadencia, la autodestrucción y la amoralidad humana? Tal vez todas, todas las que necesite. Una sola. La primera. Pero como no es clara sigo con las de abajo. Tal vez Einstein y Weber lo explicaron de dos formas iguales, con dos formas distintas.
Einstein:
“Existen dos cosas infinitas, el universo y la estupidez humana. Y del universo no estoy seguro”.
Weber
“El punto máximo de irracionalidad del ser humano son las guerras”
Un ser humano (o varios) intentan dominar un territorio destruyéndolo. Es como querer comprarme algo y prenderlo fuego antes de pagarlo (y aun así comprarlo). Estupidez humana. Social. Mundial. Verbal. Intelectual. Potencial.
Quedan claras ambas posturas, siendo la de Max Weber, en este caso, un poco más profunda.
Qué demuestro con esto. Que para ser intelectual primero se debe decir lo que uno piensa. Luego todo el resto.
Las guerras no son la solución a absolutamente nada, no obstante creo muy apropiado el siguiente discurso de Malcolm X:
“Pienso que hay mucha gente buena en América, pero también gente mala, y los malos son aquellos que parecen disponer de todo el poder y que están en esta posición por negarnos lo que tú y yo necesitamos. Delante de esta situación, tú y yo tenemos que conservar el derecho a hacer todo lo que sea necesario por acabar con una situación así. Esto no significa que yo defienda la violencia, pero tampoco estoy en contra de la violencia en legítima defensa, que yo denomino inteligencia"
Para ser inteligente no se tiene que ser de una forma, sino de todas.

martes, 3 de mayo de 2011

Represión

Muchas veces no decimos lo que sentimos por vergüenza. ¿Vergüenza a qué? Más bien es miedo, miedo a recibir un rechazo como respuesta. Te quiero, te extraño, te amo, te aprecio, te necesito y miles de frases más que se pueden armar trazándoles encima un sentimiento profundo o tenue. Podemos pensar que no cambiarían nada decirlas, pero no podemos afirmarlo hasta que las hayamos pronunciado. La pregunta sería ¿qué perdemos? Nada o todo. Todo perdemos si es que por no animarnos a arriesgarnos caemos en el camino opuesto. A veces es como tirar una moneda. Si suponemos que va a salir una determinada cara ni nos molestamos en lanzarla al aire, pero perdemos la adrenalina fugaz que sentimos mientras esta gira mientras se dirige hacia el piso. Y salió la cara que suponíamos que no iba a salir y ahora nuevamente la adrenalina nos cambia todo y de muchas maneras. La respuesta positiva (la que nosotros queremos escuchar) de un sentimiento expresado nos hace dar cuenta que, mirando hacia atrás, estábamos equivocados. Y así vivimos limitados, reprimiendo aquello que por otros sentimientos guardamos en lugares oscuros de nuestra esencia. Te quiero pero tengo miedo de decirlo.

sábado, 2 de abril de 2011

Detrás de un día

Solo en algunas ocasiones, y puede ser repetitivo, me pregunto por qué soy tan diferente al resto o más bien me pregunto por qué es tan difícil ser distinto. Todo el tiempo en contra de los demás, no por gusto propio, sino por un mecanismo que así funciona en mi, químicos los controlarían, pero sería como un combustible que hace funcionar una maquina pero que también la corroe. Es como una tristeza constante o una alegría latente, nada me llena, porque estoy mal o porque realmente es algo que no llena. Por qué nacemos. Por qué nadie nos pregunta antes si queremos o no, mostrándonos en algún pseudo oráculo cual sería nuestra vida. No sé qué respondería, porque sé que ayudé a muchas personas en muchas cosas, con lo cual rompería todo avance ajeno.
Creía que iba a suceder solo una vez, pero sucedió una vez más justo antes de mi cumpleaños, un día antes de los 21. Entendí que cada aspecto que creía controlado me controlaba a mi, sin poder hacer nada. Imposible explicarlo, es como no ser reflejado en los espejos, o peor aún, no ver dónde están los espejos. Te dicen cosas como: “ya vas a entender” Entender qué. Nacemos para terminar muertos, desearía morir antes que todos así no sufrir ninguna pérdida, no pasar por ningún duelo, no intentar vanamente entender lo que nadie nunca entenderá.
Cuantas más personas uno quiere, más personas uno sufre. Que bien que hace llorar a veces, es como, nada. No es por nadie, es por todo.
Como cambié. Tímido y vergonzoso. Desenvuelto y delirante. Quizá sea eso. ¿Tendré que volver a ser el de antes?
Es solo eso, lo que me pasó un día antes de alejarme 21 años de mi nacimiento…