sábado, 17 de diciembre de 2011

El viejo amor

Arriba del auto, y mirando a través del vidrio polarizado, veía a mi vecina barrer el hall de su casa. Su marido murió meses atrás y ella accionaba como si nada hubiese pasado. Me pregunté en ese mismo momento cómo podemos seguir adelante cuando el amor de nuestras vidas se marcha, cuando nos suelta la mano y nos dice hasta nunca. Cómo se tiene fuerzas suficientes para seguir respirando. Mi vecina con 70 años o más sabía cada una de las respuestas a mis preguntas. Bajé la ventanilla, me corrí de asiento y la saludé. Muy amigablemente me devolvió el gesto. Necesité hablar un rato con ella, aprender de aquello que ella ni sabía que me estaba enseñando. La vida misma. Hablábamos sobre la nada misma. Yo la miraba y trataba de descifrar cuál era su secreto. Mi conversación empezó con un “¡que lindo día!” Casi al terminar la charla ella me dijo “No está tan lindo el día” Ahí creí encontrar todo. Esa es la diferencia, se puede seguir viviendo pero se ve todo de una manera distinta. Lo que para mi era hermoso para ella no lo era tanto, porque antes lo comentaba con su esposo, el amor de su vida, y ahora sin él físicamente a su lado. Casi de emoción derramo una lágrima pero como si el tiempo fuese tan sabio como para entenderme completamente una brisa voló mi pelo y frenó el sentimiento. Que distinto es tener al amor de nuestras vidas a nuestro lado y anhelar a quien creemos que lo es. En el primer caso el dolor puede ser fatal y en el segundo eterno.
Tiempo atrás, incluso cuando el marido de la señora estaba vivo, escribí la siguiente frase:
“Un aire frío ingresa por la ventana, impacta en mi espalda y me hace dar cuenta, que haga lo que haga, intente lo que intente, siempre terminaré muerto”
Como si me hubiese adelantado en el tiempo, un suceso futuro en el pasado. Nunca aprendemos cómo seguir adelante hasta que tenemos que aprenderlo obligatoriamente, porque ese es el sentido de la vida, aprender tanto como seamos capaces de almacenar. Utilizarlo tanto como para seguir respirando. Y cuando el amor de nuestra vida no esté más a nuestro lado poder mirar su foto, su ropa, al cielo y decir “te quiero”. Cerrar los ojos e imaginar que está frente a nosotros sonriéndonos y esperando a que avancemos unos cuantos pasos, como para abrazarlo y volver al primer instante del enamoramiento más sincero e inestable. Mis dudas siguen vigentes pero hoy aprendí a esperar las respuestas, nunca buscar lo que no estamos preparados para aprender. Cuando alguien muere a nuestro lado nos está diciendo que nos amó tanto como para nunca irse a otro lugar sino hasta que la muerte tocó a su puerta. Cuando me suceda eso me gustaría poder atenderla yo y convencerla para que me deje eternamente a su lado. Eso es imposible, ahora sonriamos y no miremos hacia atrás. Por lo menos, no por ahora…

No hay comentarios:

Publicar un comentario