viernes, 9 de diciembre de 2011
Con el tiempo, la vida
Las noticias llegan justo cuando no estamos preparados para escucharlas. No las buenas, para esas estamos siempre listos. Me refiero a las malas, las malas noticias individuales, ni siquiera las que engloban a varias personas. Esas palabras que te congelan las conexiones psíquicas, te detienen en el tiempo y solamente podes replantearte todo, la vida. Si me dan para elegir, no hubiese nacido, pero ahora que estoy vivo, no se si sean tan fácil dejar de estarlo. Nacer implica una serie de responsabilidades importantísimas que a veces no se tienen en cuenta. Vivir requiere de tiempo, el tiempo vale más que cualquier otra cosa, y cuando pasa y te das cuenta que no has vivido entiendes que realmente no debiste haber nacido. Vivir implica no lastimar al de al lado, a veces es tan difícil, cuando las personas son vulnerables. Nuestras historias se repiten una y otra vez a la largo de todo el mundo pero son tan particulares que no lo notamos. Si me preguntan qué cambiaría, respondería sin dejar se emita la pregunta completa, que la muerte. Sigo sin entender como puede ser que terminemos muertos. Un par de años y listo. Así de simple. Sin embargo la gente parece no saberlo o no importarle. Nos traen al mundo para que terminemos muertos. Qué clase de decisión egoísta es esa. Es como si al nacer nos diesen un veneno que hace efecto el día que nos tocó morir. Así dice la gente, le tocó. ¿Realmente le tocó morir? A veces esas noticias malas nos matan lentamente. No me refiero a tan malas. Noticias simples, las que para mi son malas y para la persona que tengo al lado es indiferente. La indiferencia mata. Intentar que todos caminen a la misma velocidad que uno es tan imposible como intentar llenar el universo. No intentarlo es tan difícil como intentarlo. Nos lleva la misma cantidad de energía. El mismo tiempo. Nos lleva la vida.
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