sábado, 24 de marzo de 2012

El hasta luego que suena a hasta siempre


Hoy, dentro de unas horas, tengo el “baby shower” para una de mis amigas de toda mi vida. Mi vida, 22 años. La conozco desde jardín de infantes, cuando apenas sabíamos nuestros nombres, decirlo pero no escribirlo. Hoy está embarazada de 6 meses. No solo festejamos la llegada de una nueva “sobrina” a la “familia” sino también la despedimos. Se va a vivir a otra provincia, al sur, a San Martín de los Andes. “Se va” suena a “para siempre”, pero también a “no verla nunca más”. Un “se va” dentro del país está, por suerte, limitado a la misma nación, con lo cual las distancias son menores. Pero no deja de ser distancia. Recuerdo como si fuese ayer cuando nos peleábamos, cuando nos juntábamos a hacer un trabajo, cuando salíamos del colegio y hacíamos cuanta idiotez se nos cruzaba por la cabeza, cuando me eligió para que le entregue una de las 15 rosas de su cumpleaños. Las noches que pasábamos juntos, con otra amiga, contándonos cosas, profundas y otras tontas. Me fui de vacaciones con mi familia y con ella una vez, y fue espectacular. Crecer es ir caminando por las líneas del tiempo, únicas y proyectadas hacia adelante. Cada persona tenemos una, a veces se cruzan y después se alejan. Es raro despedir a alguien de este modo.  Pese a que no nos frecuentábamos tanto como antes, los recuerdos nos mantenían atados, no es que a partir de ahora no lo hagan, pero es distinto. Creció, formó una familia y debe alejarse. Debe crecer más. Algunas lágrimas se escapan mientras escribo esto, porque el dolor es inevitable, pero apacible con la llegada de Renata. Me da miedo crecer, o que las personas crezcan, porque eso nos acerca a la muerte. Y de la muerte no hay retorno.  
Pensar que esto está determinado por el momento en que nuestros padres decidieron escoger el mismo colegio, otorgándonos, sin saberlo, compañeros, amigos, parejas… Esta es parte de nuestra historia, la de un grupo de amigos que se conocen hace 16 años y al cual la vida, hoy, los separa. Espero que nos junte pronto, nuevamente…

sábado, 10 de marzo de 2012

La muerte de un lado


En un velorio, me preguntaba por qué las personas insistimos con estar al lado del cajón que contiene el cuerpo hasta el último instante. Y la respuesta la encontré recordando que cuando cierran el mismo, piden a todos que se retiren del entorno, y bloquean aquella terrible imagen.
El cuerpo ya sin vida adquiere un valor agregado que solo lo gana al momento de la muerte. Simboliza el último dejo de vida de la persona, se conecta con toda su inmediatez y la representa fríamente. Sus familiares connotan un sentimiento equívoco y se aferran de él para evitar sentir más dolor del que les produce el futuro cambio del tradicional encuentro con quien tal vez no apreciaban al estar vivo.
Al final, el dolor es tan grande que no pueden permitirnos perpetuarlo observando como la tapa del ataúd atrapa por siempre el resabio de vida restante en el difunto. Así y todo debemos seguir viviendo.
Todo cambia cuando quienes tienen el llanto encima, somos nosotros.

jueves, 1 de marzo de 2012

No seas un peso para mí


Cuánto estamos dispuestos a perder por aquello que no tenemos. Pensando en mil momentos no vividos, y en el devenir incierto, vibrante y emocionante. La vida es una sucesión de carreras, me imagino corriendo sin sentido por el espacio efímero e inmenso, ganando siempre y perdiendo contra mí mismo. La lluvia que me despierta golpeándome en la cara pero que me ahoga entrando en mi cuerpo. La amplitud de mis pensamientos que me impiden alcanzarlos pero que me oprimen por todos lados. La gente mirándome y no comprendiendo por qué soy como soy. Me siento accidentado, con un cúmulo de personas alrededor preguntándose por qué suceden las cosas. Yo intentando explicar que yo quise que sucedan de ese modo y que nadie tiene la culpa de no haberlo impedido. Es una imagen dentro de mí. La lástima nos lastima.
Un día me quedé dormido escuchando música para relajarse, específicamente el cantar de unos delfines. Mientras me dormía, creí estar muriendo, una paz se adueñaba de mí ser. No era vacío, oscuro, sino acercamiento y tranquilidad, calidez y desparpajo. Nunca me había sucedido, hasta que pasó. La consecuencia de un momento aplicada a otro. Como si fuese la sensación de un placer determinado asociada a una acción que nada tiene que ver. La felicidad de sacarse la lotería pero puesta en el simple hecho de estarse durmiendo. La inconexión de lo que escribo con la adrenalina que me produciría que alguien lo entienda. No entiendo.
A veces repito escritos, escribiéndolos de diferente forma, o inclusive de la misma, pero qué más da. Por qué limitarnos a encerrar nuestra inteligencia en nuestra mente. Bastante tenemos con tener el alma en el cuerpo sin poder lanzarla al infinito y más allá. Sonrían a quien lo necesite y sonríanle más a quien no, probablemente no esté demostrando lo que realmente le sucede.
Dicen que cuando morimos, el cuerpo se aligera levemente por dejar ir esa masa energética a los que todos llaman alma. Yo creo, y estoy seguro que lo que nos pesa, no es el alma, sino los sentimientos…