Pocos son
los casos que me ha tocado vivir de personas que no entienden mi humor. Con un
nivel intelectual inferior, denotan que es de mal gusto, inapropiado o hasta
desubicado. Los mismos admiran con la risa a personajes con el mismo humor o,
inclusive, un humor aún más ácido e irónico. La única diferencia notable es la
fama o el reconocimiento que tienen los que sí “caen bien”
Me
preguntaba qué hacer en estos casos. Explicarlo, cambiarlo, dejar de usarlo.
Pero he entendido que es más sencillo para esas primitivas mentes pedir que el
que modifique una actitud sea un tercero y no hacerse cargo de los por qué. Por
qué un mismo estilo de chiste de una persona en otra resulta chocante. Por
suerte ha nacido ya (y muerto también) quien con el psicoanálisis ha logrado
sanar o apaciguar las mentes enfermas de todos nosotros. No pido que me
entiendan pero tampoco pretendo entenderlos yo. Cómo criticar algo que no se
entiende. La incongruencia individual
crece sin límites. Tal vez, el exterminio, sea una solución. La selección
natural hará estragos con todos ellos y yo estaré ahí para hacer reír a quienes
hayan quedado de pie
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